Este pueblo, enclavado en las montañas andaluzas, tierra de curtidores y más tarde de marroquineros, atesora un saber hacer, una pasión y una meticulosidad que se transmiten de generación en generación. Sus 2200 artesanos se dedican a la confección de los modelos, manteniendo un diálogo constante con el estudio de diseño parisino para crear, innovar y perpetuar una artesanía excepcional.